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El espíritu de la colmena

En un pequeño pueblo de Segovia, en la meseta castellana, llega durante los años 40, en pleno apogeo del franquismo, el cine, y se proyecta la película El doctor Frankenstein, que impactará profundamente a Ana, una niña de sólo seis años que a partir de este momento inicial recorrerá un camino que la llevará a encontrarse consigo misma.

Ana, presa de la inquietud y la fascinación que le provoca la irrupción de la realidad del monstruo en la aparente placidez de su entorno —el ser deforme y desdichado—, cautivo de una desdicha que a los ojos del mundo se convertirá en maldad, preguntará a su hermana mayor —Isabel—, de ocho años, quién es el monstruo y ella le dirá que el monstruo es un espíritu, y Ana, que ya no puede detenerse en su ansía por conocer la verdad del espíritu, sabrá por su hermana que el espíritu se encuentra en todas partes y se aparece de forma inesperada y bajo cualquier apariencia —como le ocurrió a la niña que quiso jugar con él en el lago—, propiciando la pregunta fundamental de Ana, la pregunta frente a lo irremediable: ¿Por qué el espíritu mata a la niña? —ante la que su hermana dará una respuesta ambigua. Tras oír un grito, corre a la habitación de su hermana y la encuentra muerta, aunque sólo lo ha fingido para asustarla y reírse de ella, y le dice que en el cine todo es mentira y a la niña no la mata, ni tampoco matan al monstruo.

Ana deberá recorrer el camino hacia el espíritu ella sola, invocarlo cerrando los ojos y susurrando en su cama “Soy Ana” esperando a que acuda. Pronto intuirá que el espíritu sólo puede encontrarse fuera de su ámbito familiar y habitual —fuera de la colmena—, ya que el espíritu es el espíritu de la colmena —la desdicha del espíritu no es más que la desdicha de la colmena, su vacío de sentido—, que deberá desterrarlo y asesinarlo para poder seguir sobreviviendo, algo que su padre —apicultor, el guardián de la colmena—, le mostrará cómo hacer, enseñándole a distinguir las setas comestibles de las venenosas y aplastando furiosamente a una de este último tipo con su bota.

En su recorrido hacia el espíritu, Ana llegará a una casa abandonada situada en las afueras del pueblo y allí encontrará un primer semblante del espíritu, un antiguo soldado republicano adherido a la guerrilla antifranquista (“maquis”), que se encuentra malherido y en una situación miserable, a quien ella ayudará hasta que su padre —el guardián de la colmena— lo delate, y la guardia civil acabe con él. Finalmente, Ana huirá de la colmena y en la soledad de la espesura del bosque invocará al espíritu, que de nuevo, como hiciese con la niña del lago, jugará con ella, renaciendo una nueva Ana de las aguas, un nuevo espíritu, capaz de enfrentarse a la desdicha y la miseria de la España fascista, una realidad atroz.

El espíritu de la colmena es una película española estrenada en 1973 dirigida y coescrita por Víctor Erice y Ángel Fernández-Santos.

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