La conversación
Hay días en los que el universo parece conspirar contra ti para que no te levantes de la cama. Ayer fue uno de esos días. Desde que Marian se fue, me paso los días encerrado en casa sin hablar con nadie y volviéndome loco, pero ayer salí por fin a la calle con la intención de patearme toda la ciudad hasta encontrarla. Por fortuna, la pereza me ayudó a desistir de mi locura en el mismo instante que franqueé la puerta, pero no evitó que acabase sentado en la biblioteca de la esquina, cegado aún por mi obstinación, frente a una de esas máquinas parlanchinas que están causando furor…
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